Entre la Avenida de Finisterre y la Ronda de Outeiro, O Ventorrillo conserva las huellas de una ciudad que creció deprisa y de las muchas personas que hicieron suyo este rincón de A Coruña.
El nombre Ventorrillo nos lleva a los antiguos caminos. Según un estudio sobre la toponimia coruñesa, aquí hubo una venta o posada junto al camino que comunicaba A Coruña con Carballo y la comarca de Bergantiños. Era un lugar de paso antes de que el entorno se llenara de calles, viviendas y tráfico.
Durante buena parte del siglo XX, esta zona todavía conservaba espacios abiertos y pequeñas casas. La transformación llegó con el crecimiento de A Coruña hacia sus barrios periféricos. Las llamadas Casas de Franco, construidas a mediados de los años sesenta, acogieron a familias trabajadoras que habían llegado desde el rural buscando empleo en la ciudad.
El Ventorrillo fue tomando forma como barrio sobre todo entre finales de los años setenta y comienzos de los ochenta. Crecieron los bloques de viviendas y aparecieron espacios públicos y equipamientos. En sus calles convivían distintas historias: las de las Casas de Franco, las del cercano barrio de los Mariñeiros y las de quienes se mudaban a pisos nuevos cuando la ciudad se expandía.
Una fotografía antigua de la Avenida de Finisterre ayuda a imaginar aquel cambio. En la imagen, el tráfico y los autobuses comparten protagonismo con un gran solar a la derecha. Ese terreno es hoy el centro de salud del Ventorrillo: una referencia cotidiana que da otra medida del tiempo transcurrido.
Pie de foto: Avenida de Finisterre, con el Ventorrillo a la derecha. El solar que aparece en la imagen ocupa hoy el centro de salud del barrio.
Como tantos barrios que crecieron con rapidez, el Ventorrillo tuvo que reclamar mejoras y servicios. La organización vecinal fue parte importante de esa historia. Con los años, el barrio fue consolidando una vida propia, con comercios, espacios de encuentro y un fuerte sentido de pertenencia.
Hoy, al recorrer la Avenida de Finisterre, cuesta imaginar el paisaje de solares y construcciones dispersas que muestran las fotografías antiguas. Pero esas imágenes siguen contando algo esencial: el Ventorrillo no apareció de un día para otro. Se fue construyendo con el crecimiento de A Coruña y, sobre todo, con la vida de las personas que llegaron, se instalaron y acabaron llamándolo hogar.

